Tome usted un precioso casco antiguo (el de Tallinn, que a veces parece más atrezzo que realidad) con un edificio iluminado y añádale una densa capa de nubes bajas para obtener una sombra en el cielo. Curioso, cuando menos.
Sí, debería haber corrido al hotel (que estaba a la escandalosa distancia de doscientos metros, a lo sumo), cogido la cámara de verdad, buscado un buen punto de apoyo y haber hecho una foto algo más digna, pero para esto están los móviles con cámara, ¿no?
